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Reflejos rotos

En el camino hacia un bienestar integral, aprendemos que muchas veces lo que otros dicen de nosotros no es una descripción de nuestra esencia, sino un síntoma de su propia carencia. Reconocer la ‘sombra’ ajena no es un acto de juicio, sino de autoprotección. Este texto es una invitación a dejar de habitar los espejos rotos de los demás y elegir, finalmente, nuestra propia claridad.


Reflejos rotos

Solo ves en mí el reflejo de tu propia conciencia perturbada; la oportunidad de culpar a otro, la sombra que crees que opaca la tuya.

Ves mi carencia y tu estrecho panorama, tu incapacidad de aceptarte tal como eres, pero no me ves a mí. Nunca me ves a mí.

Porque lo que soy te causa ruido y lo que doy lo recibes como un derecho. Te molesta mi luz y mi alegría, y mi sol pone en evidencia tu amargura.

Nada bueno puede nacer en tus pupilas si tus ojos solo eligen mirar la mentira. No me viste cuando estuve, y ya no estaré ahí para que me ignores.

Quizá ahora que hay silencio puedas mirarme, pero tarde será ya; he encendido mi propia luz y, en este nuevo camino, tal vez ya no podré mirarte.


Enciende la Luz de tu Equilibrio

Cerrar un ciclo de invisibilidad es el primer paso para recuperar tu energía vital. Al soltar la necesidad de ser visto por quien ha decidido cerrar los ojos, permites que tu espíritu regrese a su centro. Recuerda: tu luz no tiene la culpa de la oscuridad de otros, pero sí tiene el poder de guiarte hacia tu propia paz.”

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