En el camino hacia el equilibrio, a veces buscamos respuestas en grandes libros o filosofías complejas, olvidando que la sabiduría más pura puede estar sentada a nuestro lado, moviendo la cola. Jake, mi compañero de cuatro patas, es mi recordatorio diario de lo que realmente importa: la lealtad, el agradecimiento y la capacidad de disfrutar cada instante sin reservas. Este poema es un tributo a su nobleza y a la sanación que solo un amigo así puede brindar.
Sabio Amigo
Eres sabio, viejo amigo, compañero de aventura, de juego limpio y sincero, de mordidas cariñosas, arañazos y ladridos, escapadas y sonrisas, de lamidas y caídas.
Tú me muestras de la vida el más bello sentimiento: el compartir la alegría con tu nobleza sin freno.
Sacas lo mejor de mí, el niño que llevo dentro, despojado de amargura, lleno de eterno contento; que disfruta de tu juego y de tu temperamento, para olvidar malos ratos y recobrar el aliento.
Cuánto ansío yo llegar y ver tu recibimiento, siempre alegre e impaciente por demostrarme tu afecto.
Eres sabio, amigo mío, pues tienes bien entendido lo que importa de este mundo: ser feliz, agradecido; y tu lección es muy simple: ser constante en el cariño.
Doy las gracias, viejo amigo, porque te tengo conmigo; me siento un privilegiado por merecer tu cariño.
La presencia de un animal en nuestra vida es una terapia somática natural; nos obliga a bajar el ritmo, a respirar y a conectar con lo esencial. Jake no necesita palabras para enseñarme que el amor es una constante y que la gratitud es la llave de la paz interior. En Holuz, celebramos todos los vínculos que nos ayudan a recobrar el aliento y a vivir con un corazón más ligero.